Los Templos del blues

Desde aquella mítica noche del 11 de mayo de 1953, cuando Big Bill Broonzy actuó en el Teatre C.A.P.S.A en el que se considera el primer concierto de un bluesman en Barcelona, esta música, con más o menos frecuencia, no ha dejado de sonar nunca en la ciudad. Durante los últimos setenta años, salas de conciertos, clubs, bares e incluso restaurantes han acogido a los músicos y aficionados al género, casi siempre en un circuito underground, minoritario pero militante. Nombres como el Llantiol, el Zeleste, el London, el Bikini, el Savannah, el Apolo, el Limerik, el Santutxo, el Jazz Sí Taller de Músics, el Shotwell, el Milano, u otros en las ciudades periféricas como L’Oncle Jack de l’Hospitalet, el Línea 1 de Santa Coloma o la Nova Jazz Cava o el Crossroads de Terrassa, fueron el refugio del género y de sus intérpretes. Pero hubo algunos locales especiales que marcaron un hito en la historia del blues barcelonés.

Manuel López Poy